8.5.09

CELAN, SENA - 20 de abril de 1970

Los cántaros
                   Para Klaus Demus

En las largas mesas del tiempo
beben los cántaros de Dios.
Beben hasta el fondo los ojos de los videntes y
los ojos de los ciegos,
los corazones de las sombras imperantes,
la mejilla hundida de la tarde.
Son los más poderosos bebedores:
igual se llevan a la boca lo vacío que lo lleno
y no rebosan de espuma como tú o yo.

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Sueño y sustento

El aliento nocturno es tu sábana, 
la tiniebla se acuesta a tu lado. 
Los tobillos te roza, las sienes; 
te despierta a la vida y al sueño, 
te rastrea en el verbo, 
en el deseo, en las ideas, 
duerme con cada una de ellas 
y te atrae con halagos. 
Te peina la sal de las pestañas, 
te la sirve a la mesa, 
les escucha a tus horas la arena 
y la pone a tu alcance.
Y aquello que era cuando rosa era, 
sombra y agua, te lo escancia.

Amapola y memoria, 1952



No obres de antemano,
no envíes nada fuera,
mantente
dentro:

transfundido de nada,
libre de cualquier
plegaria,
sutilmente acordado según
la pre-inscripción
insuperable,

yo te acojo
en lugar de toda
paz.

Compulsión de luz, 1970


Una hoja sin árbol

                                             Una hoja, sin arbol
                                          para Bertold Brecht:

¿Qué tiempo es éste
en el que una conversación
es casi un crimen
porque incluye
tantas cosas explícitas?

Parte de nieve, 1971

6.5.09

Compositĭo

El Amor es algo intermedio entre lo que es mortal y lo que es inmortal... Es un gran "daimon". Y todo lo que es "daimon" está entre lo divino y lo mortal. 
Y ¿qué poder tiene? -le repliqué yo. 
-Interpreta y transmite a los dioses las cosas humanas y a los hombres las cosas divinas, las súplicas y los sacrificios de los unos y las órdenes y las recompensas a los sacrificios de los otros. Colocado entre unos y otros rellena el hueco, de manera que el Todo quede ligado consigo mismo. A través de él discurre el arte adivinatorio en su totalidad y el arte de los sacerdotes relativo a los sacrificios, a las iniciaciones, a los encantos, a la mántica toda y a la magia. La divinidad no se pone en contacto con el hombre, sino que es a través de este género de seres por donde tiene lugar todo comercio y todo diálogo entre los dioses y los hombres. 
PLATÓN, Banquete [202 e-203 a] 

El insurrecto dolor, estupores, alguna duda, cada júbilo, el pesimismo y las deserciones, un manojo de hipótesis, la revelación, el plan esbozado y después olvidado, las poses de severidad, una determinación, las desgarraduras, el intento tan temido, una intuición, argumentaciones disímiles, la prueba, el auto de fe, los inasibles sueños, todos los placeres y deseos, una inédita constatación, cierto tormento que te acusa, las marcas de mortalidad en tu cuerpo, el ardid cómico, las sucesivas reparaciones del corazón, lo innominado, un listado de talentos, el instante de conversión.
La existencia se disgrega en quilométricos elementos, heterogéneos y huidizos. Vos -dedicado o negligente- vas ensamblándolos, hilándolos, armonizándolos, fundiéndolos, relacionándolos en el devenir insoslayable de tiempo y espacio. El estilo, la expresión, el carácter, la firma: es eso a lo que no debés renunciar, tu misión y tu honra.
Cuando a la veleidosa vida se le antoje aparecerá la composición de tu alma hecha patchwork, sonata, vitraux, cantata, tapiz, sinfonía, mosaico. Entonces te deleitarás en el asombro o te volverás ciego a la maravilla que sos (fatalidad del conocimiento).

En cuanto a mí... me gusta pensar que mi transcurrir es un ballet de formas sutiles, un entretejido de aromas cautivantes, gráciles nubes reinas que disuelven y reconstituyen sin cesar su original firmamento.


FRANZ SCHUBERT - Ständchen (violín y piano)

El lugar supraceleste, ningún poeta de esta tierra lo ha cantado, ni lo cantará jamás, dignamente. Es, pues, así: la realidad que verdaderamente es, sin color, sin forma, impalpable, que sólo puede ser contemplada por la inteligencia, piloto del alma, ocupa este lugar. Así, pues, como el pensamiento de la divinidad se alimenta de inteligencia y de ciencia sin mezcla, y lo mismo el de toda alma que se preocupa de recibir lo que le conviene, al ver, en el transcurso del tiempo, la realidad, la ama, y contemplando la verdad se alimenta y se siente feliz hasta que el movimiento circular en su revolución la vuelve a llevar al mismo lugar. Y en esta circunvalación contempla la misma justicia, contempla la templanza, contempla la ciencia, no la que implica devenir, ni la que es diferente según trata cada una de las cosas diferentes que nosotros ahora llamamos realidades, sino la ciencia que versa sobre lo que es realmente la realidad. Y después de haber contemplado de la misma manera las demás realidades verdaderas y de haberse regalado con ellas, desciende de nuevo al interior del cielo y se va a casa.

PLATÓN, Fedro [247 c-e]

5.5.09

CARTAS DE UN CABALLERO SOLITARIO

febrero de 1870 [a Paul Deussen]
Mi querido amigo: 
                                 (...) Por fin ha desaparecido, ahora que hablamos un mismo lenguaje y no sentimos cosas distintas al pronunciar la misma palabra, aquella separación que durante tanto tiempo existió entre nosotros. Es probable que de haber estado siempre juntos te hubieras ahorrado el penoso camino, no siempre llano y directo, que has seguido hasta alcanzar tu actual grado de educación, y lo hubieras sustituido por una senda más natural y más suave. Tú has sido, entre mis amigos, el último que ha encontrado el camino hacia la sabiduría. Ahora, por fin, abrigo también con respecto a ti las mejores esperanzas. Muchas nieblas caerán de tus ojos. Cierto es que, como a mí me sucede, te sentirás entonces más solitario que nunca y que para nosotros no son ya accesibles muchas posiciones deslumbradoras de la vida. En cambio, tampoco nos parecen ya dignas de esfuerzo por alcanzarlas. Nuestro destino es la soledad espiritual y, en ocasiones, una conversación con los que están de acuerdo con nosotros. Más que nadie necesitamos por ello de los consuelos del arte. No queremos tampoco convertir a nadie, porque sentimos que el abismo que nos separa de los demás ha sido cavado por la naturaleza misma. La piedad llega a constituir nuestro más íntimo sentimiento y enmudecemos casi por completo (...) Me doy cuenta también de que todos mis esfuerzos filosóficos, morales y políticos tienden ahora hacia un solo y único fin, y que yo -quizá el primero entre todos los filólogos- voy camino de llegar a ser una totalidad. La historia y, sobre todo, el helenismo, aparecen ante mí nuevos y transformados. Quisiera enviarte pronto mis conferencias. Todas ellas, pero sobre todo la última, "Sócrates y la tragedia", han sido acogidas aquí como una cadena de paradojas y han excitado odio y cólera. ¡Pueden venir los ataques y el escándalo! He olvidado ya toda clase de consideraciones cuando se trata de lo capital. Seamos compasivos y condescendientes para con el hombre aislado, pero inflexibles como la antigua virtud romana en la expresión de nuestras concepciones teóricas sobre el mundo.
Ahora te entrarán deseos de desembarazarte de tus nuevas experiencias y me escribirás con mayor frecuencia. Difícilmente encontrarás quien haya pasado por más conversiones y haya amado más en los otros el entusiasmo del neófito que yo.

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14 de julio de 1870 [a Erwin Rohde]
He aquí una noticia, terrible como un rayo. La guerra franco-alemana está declarada y el más horrible demonio se abate sobre toda nuestra cultura, raída hasta la trama. ¿Qué va a ser de nosotros?
Amigo mío, mi querido amigo, todavía nos hemos vuelto a ver una vez en el crepúsculo de la paz. ¿Qué significan hoy todas nuestras aspiraciones? Nos hallamos, tal vez, al comienzo del fin. ¡Qué desierto! Los claustros van a hacerse necesarios, y nosotros seremos los primeros monjes.  


Albrecht DÜRER  Ritter, Tod und Teufel (1513)

noviembre de 1870 [al barón Carl Von Gersdorff]
Mi querido amigo:
Espero que el estado físico en que te encuentre esta carta mía sea bueno y el espiritual, por lo menos, tolerable. Esto último me resultaría incomprensible dadas las actuales circunstancias, de no achacarlo a que sabemos lo que la existencia es y lo que significa. Cuando como ahora se abren los espantosos abismos del ser y se derrama todo el ilimitado reino del dolor, tenemos el derecho de pasar a través de todo ello como "sabios". Esto nos da valor, resignación y fuerza para resistir sin convertirnos en estatuas de sal (...)
Es muy difícil permanecer sereno en medio de la general embriaguez; pero nosotros debemos ser lo bastantes filósofos como para lograrlo, evitando así que vengan los ladrones y nos roben o nos hagan sufrir una minoración que yo no juzgaría compensada por los más grandes hechos militares ni siquiera por todas las exaltaciones nacionales.
Para el período de la cultura que se avecina hacen falta combatientes. Conservémonos para estar entre ellos. Pienso siempre en ti con preocupación. ¡Que el genio del porvenir que esperamos te guíe y proteja!

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diciembre de 1870 [a Erwin Rohde]
(...) Quiero hacerte saber enseguida que participo de tus sentimientos y que, como tú, consideraría ignominioso el que no saliéramos, mediante un poderoso esfuerzo, de esta anhelante espera que nos consume.  Escucha lo que bulle en mi espíritu: (...) sea esta época un duro aprendizaje necesario para poder después enseñar, tarea de cuyo perfeccionamiento he hecho mi deber, aunque mis miras sean más elevadas.
Con el tiempo he ido reconociendo el acierto de la doctrina schopenhaueriana sobre la sabiduría universitaria. Una verdad absolutamente radical resulta aquí de todo punto imposible y nunca podrá constituirse esto en punto de partida de nada verdaderamente revolucionario.
Sólo utilizando todas aquellas palancas que puedan sacarnos de este ambiente y siendo, no sólo más sabios, sino mejores, nos será posible llegar a ser verdaderos maestros. También aquí experimento ante todo la necesidad de ser sincero, y por ello no soportaré mucho tiempo la atmósfera académica.
Quitémonos, pues, de encima primero este yugo y fundemos después una nueva Academia griega (...) Preparo una gran adhortatio dirigida a todos aquellos que no están asfixiados por el presente o sumidos en él.
¡Cuán de lamentar es que tenga que escribirte sobre estas cosas, en vez de que cada una de estas ideas sea objeto de una larga conversación contigo! No conoces todo lo construido sobre ellas, y mi plan te parecerá quizá una excéntrica humorada. Y no es nada de eso. Es una necesidad.
(...) Aunque tengamos pocos adeptos, creo que podremos emanciparnos algo de esta corriente -cierto que con algunas pérdidas- y alcanzar una isla en la que no tengamos ya que taparnos los oídos con algodones. Seremos nuestros mutuos maestros, y nuestros libros serán tan sólo anzuelos con que ganar nuevos adeptos para nuestra comunidad artístico-monástica. Viviremos, trabajaremos y gozaremos los unos para los otros, y quizá sea ésta la única manera con que debamos trabajar para la totalidad.
Como demostración de lo seriamente que pienso en esto te diré que he empezado a limitar mis necesidades para conservar un pequeño resto de mi fortuna. También debemos probar nuestra "suerte" en las loterías y, si escribimos libros, pedir los más elevados honorarios, cosa que yo pienso ya hacer con los primeros que publique. Todo medio lícito debe ser empleado para ponernos en condiciones económicas de fundar nuestro claustro. Tenemos, por tanto, nuestra misión para los próximos dos años.
(...) ¿No estaremos quizá en condiciones de traer al mundo una nueva forma de la academia?
"Y no podré yo, por la fuerza del más ardiente deseo, llamar a la vida aquella forma única..." (1), como dice Fausto de Helena.
(...) Esta escuela nuestra de filósofos no es, ciertamente, una reminiscencia histórica ni una excentricidad arbitraria. ¿No es, acaso, una necesidad la que nos lleva por este camino?

(1) Segundo Fausto. Noche del sábado clásico. Escena de Fausto y Chirón


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marzo de 1871 [a Erwin Rohde]
(...) Vivo en un orgulloso alejamiento de la filología. Todo lo que pudiera alcanzar por ese lado, alabanzas, censuras, hasta las más altas glorias, me hace temblar de horror. Me voy introduciendo así poco a poco en mi reino filosófico y ya creo en mí. Me hallo preparado para todo. Habría de resultar poeta y no me sorprendería lo más mínimo. No poseo en absoluto la menor idea de qué es aquello que estoy destinado a ser y, sin embargo, recapitulando encuentro todo lo hecho hasta ahora, tan armónico, tan dirigido hacia un solo fin que ignoro, que me parece como si un genio propicio me hubiese ido guiando. Nunca hubiera creído que no teniendo una clara visión de sus fines, ni una ambición por alcanzar un puesto de funcionario, pudiera sentirse nadie tan sereno y claro como yo me encuentro. ¡Qué sensación la de ver llenarse y redondearse ante uno mismo su propio mundo! ¡Qué bello baile! Tan pronto veo crecer trozos de una nueva metafísica, como de una nueva estética o de una nueva pedagogía que condena todos nuestros institutos y universidades. Todo lo que estudio pasa a clasificarse entre lo ya sabido, y siempre encuentra un buen rincón donde introducirse. Cuando más siento el desarrollo de este mundo mío propio, es cuando considero, no fríamente, pero sí con calma, la sedicente historia universal durante estos últimos diez meses, y la empleo como medio para mis buenos fines, sin ningún exagerado respeto. Orgullo y locura son en verdad débiles palabras para expresar mi "insomnio" espiritual (...)
¡Ay, cuánto anhelo la salud! ¡Proyéctese algo que ha de durar más que uno mismo y, entonces, se darán gracias por cada buena noche, por cada rayo de sol, hasta cada digestión normal! Pero, desgraciadamente, hay en mí no sé qué órganos del estómago perturbados, que me producen insomnios, nerviosidad, hemorroides, sabor a sangre, etc. ¡Hazme el favor de no considerar estos alifafes como causa de mi estado espiritual antes descrito! ¡Temblaría entonces por mi inmortalidad, aunque no haya oído todavía que el flato engendre estados filosóficos! (...)            

3.5.09

AMÉN. Oración de esponsales

ARNOLD SCHÖNBERG  Alliance, 1910


Que la sinceridad llegue a ser -acaso- un pecado
(pero jamás una actuación tras bambalinas)
Que la palabra sea una virtud
(y no un sustituto o la válvula de escape)
Que tu y mi voluntad retocen libres
como aves en su éter.
Que nunca nos falten
el pan, el agua,
la sencillez, 
el inocente juego,
la ternura, el reposo,
la búsqueda.
Que el deseo no se convierta
ni en arnés ni en vileza.
Que la memoria gotee mansamente 
entre los días que discurran por nuestras dos costas. 
Que el silencio se haga Carne,
Presencia que nos desvista
de toda indigna amenazadora desnudez.

JAN GARBAREK  TWELVE MOONS (1993)  “Psalm” (Mari Boine: voz)  

2.5.09

SONETOS

LISZT Années de Pèlerinage. Deuxieme Annee: Italie (1839-1846)

IV: Sonetto 47 del PetrarcaE. Pace (piano)


SONETO 47

Benedetto sia ´l giorno, e ´l mese, e l´anno,

E la stagione, e ´l tempo, e l´ora, e ´l punto,

E ´l bel paese, e ´l loco, ov´io fu giunto

Da due begli occhi, che legato m´hanno,

 

E benedetto il primo dolce affanno,

Ch´i´ebbi ad esser con amor congiunto;

E l´arco e le saette ond´io fu punto;

E le piaghe, ch´infin al cor mi vanno.

 

Benedette le voci tante, ch´io,

Chiamando il nome di mia Donna, ho sparte;

E i sospiri, e le lagrime, e´l desio;

 

E benedette sien tutte le carte

Ov´io fama le acquisto; e ´l pensier mio

Ch ´e sol di lei, si, ch ´altra non v´ha parte.

 

[Bendecidos el año, el mes, el día

y la estación y el sitio y el instante

y el hermoso país en que delante

de su mirar mi voluntad rendía.

 

Y bendecida la tenaz porfía

de amor entre mi pecho palpitante,

y el arco y la saeta y la sangrante

herida que en mi corazón se abría.

 

Bendecida la voz que repitiendo

va por doquier el nombre de mi amada,

suspiros, ansias, lágrimas vertiendo.

 

Y bendecido todo cuanto escribe

la mente que al loarla consagrada

en Ella y sólo para Ella vive.]


V. Sonetto 104 del Petrarca in E - W. Horowitz (piano) 

SONETO 104

Pace non trovo, e non ho da far guerra;

E temo e spero, ed ardo e son un ghiaccio;

E volo sopra ´l cielo e giaccio in terra;

E nullo stringo, e tutto il mondo abbraccio;

 

Tal m´ha in prigion, che non m´apre, ne serra;

Ne per suo mi riten, ne scoglie il laccio;

E non m´ancide Amor, e non mi sferra;

Ne mi vuol vivo, ne mi trae d´impaccio.

 

Veggio senz´occhi, e non ho lingue e grido;

E bramo di perir, e cheggio aita;

Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui;

 

Pascomi di dolor, piangendo rido;

Equalmente mi spiace morte e vita,

In questo stato son, Donna, per vui.

 

[No tengo paz ni puedo hacer la guerra;

temo y espero, y del ardor al hielo paso,

y vuelo para el cielo, bajo a la tierra,

nada aprieto, y a todo el mundo abrazo.

 

Prisión que no se cierra ni des-cierra,

No me detiene ni suelta el duro lazo;

entre libre y sumisa el alma errante,

no es vivo ni muerto el cuerpo lacio.

 

Veo sin ojos, grito en vano;

sueño morir y ayuda imploro;

a mí me odio y a otros después amo.

 

Me alimenta el dolor y llorando reí;

La muerte y la vida al fin deploro:

En este estado estoy, mujer, por ti.]


VI. Sonetto 123 del PetrarcaA. Brendel (piano)

SONETO 123

I ´vidi in terra angelici costumi

E celeste bellezze al mondo sole;

Tal che di rimembrar mi giova e dole;

Chè quant ´io miro, par sogni, ombre e fumi;

 

E vidi lagrimar que ´due vei lumi,

C ´han fatto mille volte invidia al Sole;

Ed udii sospirando dir parole

Che farían gir i monti, e stare i fiumi,

 

Amor, senno, valor, pitate e doglia

Facean, piangendo, un più dolce concento

D´ogni altro che nel mondo udir si soglia;

 

Ed era ´l cielo all ´armonia si ´ntento,

Che non si vedea in ramo mover foglia;

Tanta dolcezza avea pien l ´aere e ´l vento.

 

[Angélicas costumbres vi en el suelo

y una celeste y única hermosura,

cuyo recuerdo es gozo y amargura,

pues entre sombras y humo me desvelo.

 

Dos bellas luces vi llorar con duelo,

que a la lumbre del sol hacen oscura,

y oí cosas que al Tíber, por ventura,

harían parar, y andar al Mongibelo.(1)

 

Cordura, Amor, Dolor y Cortesía

tan bien armonizaba su lamento

que nunca el mundo oyó tal armonía;

 

y el cielo estaba a ella tan atento

que en las ramas ni una hoja se movía,

pues su dulzura saturaba al viento.]

 

(1) Nombre antiguo del volcán Etna.

1.5.09

PULSIONES HEDONISTAS


¿Quién no se dejó seducir por el circunloquio de los sufrimientos infecundos? ¿Qué mortal no ha pactado con la vanidad de rasgarse la piel, dejando al descubierto las pústulas?  ¿Quién no entró en celo cada vez que cedió a la oportunidad de erigirse en víctima de su propio sacrificio?

Vengo a confesarme de esta obscenidad. Y de la repugnancia por tanta mediocre mojigatería.

Hora de abrevar en aguas frescas, de sumergirse en luz, de restaurarme...

E. MUNCH  The Voice  1894-95

Recordemos también que el futuro no es nuestro, pero tampoco puede decirse que no nos pertenezca del todo. Por lo tanto no hemos de esperarlo como si tuviera que cumplirse con certeza, ni tenemos que desesperarnos como si nunca fuera a realizarse.

(...) El placer es el principio y fin de una vida feliz, porque lo hemos reconocido como un bien primero y congénito, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y del dolor. Y, puesto que éste es el bien primero y connatural, por ese motivo no elegimos todos los placeres, sino que en ocasiones renunciamos a muchos cuando de ellos se sigue un trastorno aún mayor. Y muchos dolores los consideramos preferibles a los placeres si obtenemos un mayor placer cuanto más tiempo hayamos soportado el dolor. Cada placer, por su propia naturaleza, es un bien, pero no hay que elegirlos todos. De modo similar, todo dolor es un mal, pero no siempre hay que rehuir del dolor. Según las ganancias y los perjuicios hay que juzgar sobre el placer y el dolor, porque algunas veces el bien se torna en mal, y otras veces el mal es un bien.

La autarquía la tenemos por un gran bien, no porque debamos siempre conformarnos con poco, sino para que, si no tenemos mucho, con este poco nos baste, pues estamos convencidos de que de la abundancia gozan con mayor dulzura aquellos que mínimamente la necesitan, y que todo lo que la naturaleza reclama es fácil de obtener, y difícil lo que representa un capricho.

Cuando decimos que el placer es la única finalidad, no nos referimos a los placeres de los disolutos y crápulas, como afirman algunos que desconocen nuestra doctrina o no están de acuerdo con ella o la interpretan mal, sino al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma.

(Lo que hace la vida agradable es) el juicio certero que examina las causas de cada acto de elección y aversión y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquellas que llenan el alma de inquietud.

El principio de todo esto y el bien máximo es el juicio, y por ello el juicio –de donde se originan las restantes virtudes- es más valioso que la propia filosofía, y nos enseña que no existe una vida feliz sin que sea al mismo tiempo juiciosa, bella y justa, ni es posible vivir con prudencia, belleza y justicia sin ser feliz. Pues las virtudes son connaturales a una vida feliz, y el vivir felizmente se acompaña siempre de virtud.

Porque, ¿A qué hombre considerarías superior a aquel que guarda opiniones piadosas respecto a los dioses, se muestra tranquilo frente a la muerte, sabe qué es el bien de acuerdo con la naturaleza, tiene clara conciencia de que el límite de los bienes es fácil de alcanzar y el límite de los males, por el contrario, dura poco tiempo, y comporta algunas penas; que se burla del destino, considerado por algunos señor absoluto de todas las cosas, afirmando que algunas suceden por necesidad, otras casualmente; otras, en fin, dependen de nosotros, porque se da cuenta de que la necesidad es irresponsable, el azar inestable, y, en cambio, nuestra voluntad es libre, y, por ello, digna de merecer repulsa o alabanza?

El sabio no considera la fortuna como una divinidad -tal como la mayoría de la gente cree-, pues ninguna de las acciones de los dioses carece de armonía, ni tampoco como una causa no fundada en la realidad, ni cree que aporte a los hombres ningún bien ni ningún mal relacionado con su vida feliz, sino solamente que la fortuna es el origen de grandes bienes y de grandes calamidades. El sabio cree que es mejor guardar la sensatez y ser desafortunado que tener fortuna con insensatez. Lo preferible, ciertamente, en nuestras acciones, es que el buen juicio prevalezca con la ayuda de la suerte.

Estos consejos, y otros similares medítalos noche y día en tu interior y en compañía de alguien que sea como tú, y así nunca, ni estando despierto ni en sueños, sentirás turbación, sino que, por el contrario, vivirás como un dios entre los hombres.  Pues en nada se parece a un mortal el hombre que vive entre bienes imperecederos.

EPICURO de Samos fragmentos de Carta a Meneceo, siglo IV a.C.