5.1.10

VELADO

la mente era una habitación pintada de acuarela azul con el fondo seco de himnos crípticos anunciando algo sórdido {¿un fresco premonitorio?} .
sucesivamente -desde las esquinas- aparecían (para luego diluirse en la incógnita) máscaras de cerámica gris, como las del carnaval de Venecia; tras cada una de ellas el mismo rostro de un joven resguardando su pudor...
y en aquel momento tentáculos de oscuridad violaron el espacio hasta que la mancha oleaginosa fue un calamar enérgico, un goliat proveniente del Reino Subterráneo portando decretos de vindicación.
Murió la transparencia sofocada por el silencio impenetrable y fastidioso. erupción. insomnio.

4.1.10

ALBERT CAMUS

No basta con vivir, hace falta un destino, y sin esperar la muerte. Es, pues, justo decir que el hombre tiene la idea de un mundo mejor que éste. Pero mejor no quiere decir entonces diferente, mejor quiere decir unificado. Esta fiebre que levanta el corazón por encima de un mundo disperso, del que, sin embargo, no puede desprenderse, es la fiebre de la unidad. No desemboca en una mediocre evasión, sino en la reivindicación más obstinada. Religión o crimen, todo esfuerzo humano obedece a la postre a ese deseo irrazonable y pretende dar a la vida la forma que no tiene. El mismo movimiento, que puede llevar a la adoración del cielo o a la destrucción del hombre, lleva asimismo a la creación novelesca, que recibe entonces su seriedad.




La contradicción es la siguiente: el hombre rechaza el mundo tal cual es, sin aceptar escaparse. De hecho, los hombres tienen apego al mundo y, en su inmensa mayoría, no desean abandonarlo. Lejos de querer olvidarlo siempre, sufren, al contrario, por no poseerlo bastante, extraños ciudadanos del mundo, exiliados en su propia patria. Salvo en los instantes fulgurantes de la plenitud, toda realidad es para ellos inacabada. Sus actos les escapan en otros actos, vuelven a juzgarlos bajo rostros inesperados, huyen como el agua de Tántalo hacia una desembocadura ignorada aún. Conocer la desembocadura, dominar el curso del río, captar por fin la vida como destino, he ahí su verdadera nostalgia, en lo más denso de su patria. Pero esta visión que, en el conocimiento al menos, los reconciliaría por fin con ellos mismos, no puede aparecer, si es que aparece, más que en ese momento fugitivo que es la muerte: todo acaba en él. Para estar, una vez, en el mundo, es preciso no estar ya en él nunca más.


Nace aquí esa desgraciada envidia que tantos hombres sienten por la vida de los otros. Percibiendo esas existencias por fuera, les suponen una coherencia y una unidad que no pueden tener, en verdad, pero que parecen evidentes al observador. Éste no ve más que la línea superior de tales vidas, sin cobrar conciencia del detalle que las roe. Hacemos entonces arte de tales existencias. De modo elemental, las novelamos. Cada cual, en este sentido, trata de hacer de su vida una obra de arte.


El afán de posesión no es más que otra forma del deseo de durar; él es el que hace el delirio impotente del amor. Ningún ser, ni siquiera el más amado, y que mejor nos responda, está nunca en nuestra posesión. En la tierra cruel, donde los amantes mueren a veces separados, nacen siempre divididos, la posesión total de un ser, la comunión absoluta en el tiempo entero de la vida es una imposible exigencia. El afán de la posesión es hasta tal punto insaciable que puede sobrevivir al amor mismo. Amar, entonces, es esterilizar al amado. El vergonzoso sufrimiento del amante, en lo sucesivo solitario, no es tanto el no ser ya amado, cuanto el saber que el otro puede y debe amar aún. En el límite, todo hombre devorado por el deseo loco de durar y de poseer desea a los seres a los que ha amado la esterilidad o la muerte. Ésta es la verdadera rebeldía. Quienes no han exigido, un día al menos la virginidad absoluta de los seres y del mundo; quienes no han temblado de nostalgia y de impotencia ante su imposibilidad; quienes, entonces, vueltos a su nostalgia de absoluto, no son destruidos intentando amar a media altura, ésos no pueden comprender la realidad de la rebeldía y su furia de destrucción. Pero los seres se escapan siempre y nosotros les escapamos también: no tienen perfiles firmes. La vida desde este punto de vista no tiene estilo. No es más que un movimiento que corre en pos de su forma sin dar nunca con ella. El hombre, desgarrado así, busca en vano esa forma que le daría los límites entre los cuales sería rey. ¡Que una sola cosa viva tenga su forma en este mundo y éste estará reconciliado!
de "Novela y rebeldía"

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Otro precioso texto para leer haciendo click sobre el nombre: ---> El exilio de Helena

3.1.10

amor fati

Un alma llena y poderosa no sólo se ejercita mediante dolorosos e, incluso, terribles privaciones, carencias, expolios, desprecios; sale de tales infiernos con mayor plenitud y poder; y para decir lo más esencial, con un nuevo crecimiento en la dicha del amor.
Creo que quien haya adivinado algo de las más subterráneas condiciones de todo crecimiento en el amor, comprenderá a Dante cuando escribía sobre la puerta de su inferno: "también a mí me creó el eterno amor"

1. Andante moderato [Mi bemol Mayor]

Él podrá vestirse de andrajos, como un pordiosero. O volverse gruñón en los banquetes. O ser la apología carnal del salvajismo. Se lo repelerá en los círculos de las buenas costumbres, se lo tolerará con estoicismo por principios de urbanidad. El caso es que sus poros irradian aristocracia, nobleza, pertenencia a un linaje inaccesible. Él es un espíritu elevado.

Ella, criatura del desamparo, deslucida y tenue, al saberse hallada (elegida) correspondió con justicia: lo amó.

Así se forja el porvenir, el advenimiento de lo pasmoso.

2. Andante non troppo e con molto espressione [si bemol menor]

¿Qué es ser distinguido?
Que constantemente tiene que representarse. Que se buscan situaciones donde constantemente se tiene necesidad de gestos. Que se abandona la dicha al gran número: dicha como paz del alma, virtud, confort (mentalidad anglo-angélica del tendero a lo Spencer). Que instintivamente se buscan pesadas responsabilidades para sí mismo. Que se sabe crear enemigos en todas partes, en el peor caso incluso por sí mismo. Que se contradice el gran número no mediante palabras, sino mediante acciones.


Sentencias de un hiperbóreo
Nosotros, los hiperbóreos, no llegamos a saber hasta qué punto vivimos aparte. "Ni por agua ni por tierra puedes encontrar el camino hacia el país de los hiperbóreos": eso ya lo sabía Píndaro de nosotros.

Incluso el más valiente de nosotros sólo muy raramente tiene el valor para asumir lo que en el fondo sabe (...)

De cuando en cuando una estupidez.- ¡Oh, qué pronto se recupera el gusto por la propia sabiduría! (...)

"Eran escalones para mí. Los he subido. Por ello he tenido que pasar por encima. Pero pensaron que quería quedarme tranquilamente en ellos" (...)

El gran estilo va a la zaga de la gran pasión. Desdeña agradar, se olvida de convencer. Manda. Quiere. (...)

Los hombres póstumos son peor comprendidos, pero mejor escuchados por los coetáneos. O, más estrictamente: no son comprendidos jamás -¡y precisamente de aquí proviene su autoridad! (...)

El gusto aristocrático también fija límites al conocimiento. Quiere, de una vez por todas, no saber demasiado. (...)

Nuestras convicciones más sagradas, nuestra posición inalterable en relación a los valores supremos son juicios de nuestros músculos. (...)

Y como todo aquel que tiene demasiada razón, no doy importancia a tener razón.

F. NIETZSCHE El nihilismo: Escritos póstumos (1885-1888)

3. Andante con moto [do sostenido menor]

Música de un hombre superior:
J. Brahms Tres intermezzi per a piano, op. 117 (1892)
Glenn Gould (piano)

1.1.10

SINUOSIDADES


un soplo, una sombra [poblada de antojos de Tí]


MODIGLIANI Cariátide, 1913

F. MENDELSSOHN Octeto para cuerdas en Mi bemol opus 20 (1825)
Pinchas Zukerman (violín) St Paul Chamber Orchestra (1984)


MODIGLIANI Desnudo en pie, 1911-12


inclina tu cielo y desciende

30.12.09

Cuerdas percutidas


Por aquellos días la alegría no precisaba de libretos.
¿Te acordás?
Nos engullíamos el cielo hasta la ebriedad, coqueteábamos con la melancolía de puros petulantes que éramos, nuestras pasiones danzaban al compás de tus tambores. Sabíamos agradecer, porque cada voluntad estaba aleccionada en el amor.
Después... no podría decirte. Supongo que fui hechizada por la irrupción de la serpiente (el tiempo, contra quien no pudo la inocencia) y entonces mi verbo se volvió ceniciento, rebuscado, odioso.
Ni yo me entiendo a veces, te juro. Pero es ese misterio el que me incita a desnudarme, a desgarrarme en hebras de sentido (de expresión).
Todos solemos marearnos un poco, cuando en lo íntimo nuestro la vida entra en convulsión.
Sin embargo, iluminando el polvo, siempre alcanzo a distinguir otros rastros junto a los míos. Será que hoy, tal como ayer, mi fe se afirma en los milagros.

DUKE ELLINGTON “Latin American Sunshine” LATIN AMERICAN SUITE (1970)

29.12.09

BLEND: 20% hiel, 80% néctar


Tu aliento entre mis senos y mis omóplatos. Enredo de miradas. La lista del súper, el aroma a café, fainá para la cena, las baladas de Chopin. Argumentos lúdicos. Huellas de tabaco sobre la mesa. Valores, tareas, hábito. Nimiedades. El cautivador ritmo de la cotidianidad. Nuestra liturgia. Pienso que quiero [necesito] soñar con tus palabras, para componerlas en mi mente últimamente dispersa en pequeñeces domésticas. Y no reincidir en ningún atoramiento (ardua promesa). Tus periódicas partidas y tu siempre regreso excitan la combustión de mi flojedad. Después sonrío, avergonzada, en la bonanza del atardecer de este veranillo en la ciudad de extendidas siestas.

Entonces, por una grieta del espejo, alcanzo a ver al capitalismo en catalepsia: pesimismo, hambruna, confusión, amnesia divina. Vaciedad del arte. Ruindad del conocimiento. Predicciones residuales (tus gráficos, tus referencias a la teoría de Hubbert, tu reflexión). El declive abrupto de la ambición de poder. La cruz invertida, sinergia corrosiva. El consuelo del útero marchito, la bendita situación de primitivos e ignorantes, la resurrección de la Moralidad. Ya no habrá muertes singulares (fin de la épica): la fatalidad nos asemejará, como era en el arranque de esta comedia que nos involucra. Lo que llamamos "mundo" va desapareciendo cansinamente. Civilización, páramo y mandrágora.

¿Cuándo-por qué-cómo desoímos al verbo sagrado? Se lamenta el poeta, nostálgico de beatitud. Las bestias ladran cada vez más fuerte. Y me indignan los chillidos, allá afuera, invadiendo la sala desolada sin tus papeles.


todo se construye y se destruye tan rápidamente

(...) es parte de la religión


Ni estatua silente ni ángel de luz ni gacela en fuga. Cuando ocurre, mi mudez acarrea mayores dificultades que la natural verborrea que me adorna. Tampoco un inaccesible jardín de las delicias. El grado de esta apetencia por lo sublime (o lo extraordinario, que para el alma es casi lo mismo) me define: de mí no se ha dicho ni se dirá que soy bella. Yo me abalanzaré a la posteridad con la voracidad de una anomalía. La lentitud, un patrimonio no excluyente como la contradicción, califica cada uno de mis vuelos.

La suerte de todo es también mi suerte; la profecía se acoge en mí, por gracia de tu mediación. Lo entiendo, te extraño esperándote. Porque es la humanidad quien me ha desposado, a través de tu vigor.

23.12.09

REAL/IDEAL

variaciones en torno a La Peau de chagrin

KLIMT Beethovenfries 'Freude, schöner Götterfunken'
Diesen Kuß der ganzen Welt (1902)

¿Quién, si yo gritara, me oiría entre las jerarquías
de los ángeles? y aun suponiendo que, de pronto,
uno de ellos me apretara contra su corazón, yo
sucumbiría
ante su existencia más fuerte. Pues la belleza no es sino
el comienzo de lo terrible; apenas la soportamos
y si la admiramos es porque desdeñosamente no se
preocupa
por destruirnos. Todo ángel es terrible.

Así pues, me contengo y resisto
al llamado de un oscuro sollozo. ¡Ay! ¿a quién podría
recurrir? Ni a los ángeles ni a los hombres
ni a los astutos animales que desde hace mucho
advierten
que no nos sentimos ni muy a gusto ni muy seguros
en un mundo explicado. Acaso nos queda
en la ladera un árbol que volvemos a ver
todos los días; acaso nos queda la calle de ayer
y la mimada fidelidad de una costumbre
que se ha complacido a nuestra vera y se quedó y no se
fue.

¿Oh y la noche, la noche cuando el viento llega despacio
y nos roe la cara, con quién se quedaría
ella, la suavemente engañosa, la deseada,
la que se acerca al corazón solitario?
¿Acaso es más leve a los amantes?
¡Ah, ellos se ocultan mutuamente su destino!

¿Todavía no lo sabes? Arroja de tus brazos el vacío
hacia los espacios que respiramos; tal vez los pájaros
sientan el aire más amplio con su vuelo más íntimo.
Sí, la primavera te necesitaba. Muchas
estrellas esperaban que tú las percibieras. Se elevaba
una ola de aquí a lo pretérito
y cuando pasabas frente a una ventana abierta,
se entregaba un violín. Todo esto era misión.

Pero ¿la cumpliste? ¿No te distraía siempre
la espera, como si todo te anunciara
una amada? (¿dónde quieres darle asilo,
puesto que todos los grandes pensamientos extranjeros
en tu casa entran y salen y con mayor frecuencia se
quedan
por la noche?).

Pero si sientes nostalgia, canta a las amantes; todavía
falta mucho para que su célebre sentimiento sea
inmortal.

Las abandonadas —tú casi las envidias—
te parecen más dignas de amor que las afortunadas.

Vuelve siempre a empezar de nuevo su alabanza nunca alcanzada.

Piensa que el héroe perdura, aun su derrota
sólo le sirve de pretexto para existir: es su postrer
nacimiento.

Pero la naturaleza agotada vuelve a tomar a las amantes
como si no bastara duplicar sus fuerzas
para crearlas. ¿Has pensado en Gaspara Stampa, lo
bastante
para que cualquier muchacha de quien huyó el amado
sienta en ese ejemplo idealizado: ¿Ojalá fuera yo como
ella?
¿Todos esos dolores, por antiguos que sean,
acaso no son fecundos para nosotros? ¿No es tiempo

que amando nos libremos del amor y que lo venzamos
temblando:
como la flecha vence la cuerda, para hacer, en el
disparo,
algo más que ella misma? Pues no se detiene en ninguna
parte.

Voces, voces, escucha, corazón mío, como antaño
sólo escuchaban los santos: el inmenso llamado
los levantaba del suelo; pero ellos seguían arrodillados
sin fijarse en lo imposible
a tal punto escuchaban. No es que puedas tú,
ni con mucho, escuchar la voz de Dios; pero escucha el
soplo
del interrumpido mensaje, hecho de silencio.

Se alza ahora el rumor que viene hacia ti desde esos
muertos
precoces, en todos los lugares en que entraste. ¿En las
iglesias
de Roma y de Nápoles no te habló su destino
apaciblemente?
o bien una inscripción grabada,
¿como hace poco la lápida de Santa María Formosa, no se
alzaba ante ti?
¿Qué es lo que me piden? Calladamente
quitaré la apariencia de injusticia que a sus espíritus
muchas veces estorba un poco el movimiento; pero
en verdad, es extraño no vivir ya en la tierra,
no seguir los usos apenas aprendidos,
no dar a las rosas ni a las cosas cargadas de promesas
el significado del porvenir humano;
ya no ser lo que era uno en manos infinitamente
angustiadas y abandonar hasta su propio nombre
como un juguete roto;
extraño ya no desear deseos; extraño
recordar desprendido en el espacio
todo lo que estaba ligado. Y estar muerto es penoso
y lleno de intentos por reparar el mal para sentir poco
a poco
la eternidad. Pero los vivos cometen todos ellos el error
de establecer
distinciones demasiado tajantes.

Los ángeles, según dicen, a menudo no saben
si andan entre los vivos o los muertos.

La eterna corriente arrastra siempre entre ambos reinos
todas las edades y en ambos domina sus voces.

En suma, ya no nos necesitan los que murieron jóvenes.

Se pierde poco a poco, suavemente la costumbre de lo

terreno como al crecer se desteta el niño y se desprende

mansamente
del pecho materno; pero nosotros que necesitamos de
tan grandes misterios,
nosotros para quienes brota a menudo del luto un
bienaventurado progreso
¿podríamos existir sin ellos?
¿Es una vana leyenda la que cuenta que antaño, para
llorar a Linos,
la primera música se atrevió a penetrar la rigidez del
entumecimiento,
de modo, que por vez primera, el espacio espantado
vio que un joven
casi divino, de repente se evadía para siempre y que en
el vacío
resonaba esa vibración que ahora nos arroba, nos
consuela y nos ayuda?

RAINER M. RILKE Elegía Primera (1912) de Elegías de Duino


KLIMT Adam und Eva (1917-18)