12.5.09

INDIGENCIAS

Adolphe W. Bouguereau - 1880
Era el asomo del juicio, cuando la proximidad de los pundonores malheridos. Siguiendo la ruta de las sobras, en la tertulia del banquete, ella lo halló al borde de sí mismo, extraviado feliz, ebrio en satisfacción. De su cerviz emanaba esencia de ambrosía, llenando el aire de una irresistible nostalgia; entonces creyó ella que él era el otro desgarro de una misma memoria -porque ella ignoraba que había sido engendrada con los sentidos embotados y eso la convirtió en una menesterosa, pero encantadora. Yació en él, en su virilidad fragante, y la de ellos resultó una cópula de chiquillos descarriados. El velo del candor estalló en escándalo, el Olimpo desvió la mirada por indulgencia ante tamaña dulzura. Y desde ahí fue el mito, la regeneración de los símbolos, el arrebato ascético, las interpretaciones, el persistente errabundeo de la belleza...
Adolphe W. Bouguereau - 1885

REGRESO
¿En qué silente cinturón de espuma
se oculta ahora la promesa yerta?
¿Tras de qué muro o entornada puerta
gime mi mundo?
¿Qué hora, qué mañana entre tumultos
de sol y risa, ya de cara al gozo,
me traerá su jazmín más primoroso
con la sortija mágica del rumbo?
Se quemó mi laurel entre la fiebre,
la palma fiel perdió su airón de fuego.
Ya sólo soy raíz, rígido ruego,
vástago de espiral lenta y endeble.

Pero yo me he de alzar del pudridero,
volveré a mi esplendor de carne y canto,
blanca y bruñida por mi propio llanto,
viva, de nuevo.
JUANA DE IBARBOUROU

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